Historia

Antiguas leyendas y la técnica más avanzada

Castell Miquel fue creada inicialmente para la viticultura. Según cuenta la leyenda, a un campesino mallorquín se le apareció un ángel que le aconsejó plantar una vid en este mismo lugar. El campesino le hizo caso y las vides se convirtieron en las mejores de la isla, o eso dice la leyenda.

No obstante, cada vez aparecían más y más competidores. En poco tiempo, Castell Miquel pasó a ser una de las muchas bodegas que había en la isla. Sin embargo, cuando una dura plaga filoxérica llegó a Mallorca, cerca del 97 % de las antiguas plantaciones vinícolas se transformaron en plantaciones de almendros y tierras de labranza. Consiguientemente, las fértiles viñas aterrazadas de Castell Miquel cayeron en el olvido.

Hasta que en la década de los 90 el Profesor Michael Popp descubrió el Castellet, abandonado en medio de la zona de protección natural. La bodega se encontraba en un estado desastroso; sin embargo, las viejas vides prosperaban como siempre lo habían hecho junto a los centenarios muros de piedra seca.

Por algún capricho del destino, este lugar y este hombre se encontraron el uno al otro: un viñedo con fértiles tierras, una ubicación sin igual en plena Sierra de Tramontana y un hombre que dedica su vida a investigar las plantas y que contaba tanto con los recursos financieros como con la pasión para convertir este prometedor rincón en un pequeño paraíso.

Hoy, Castell Miquel se ha convertido en el pequeño jardín del Edén que el Profesor Popp se imaginó desde el primer día. Asimismo, es la única bodega de Mallorca que se encuentra en una ladera rodeada de verdes montañas.